Foráneas Seguras

Martha Verónica Kú Martinez

En México, ser activista sigue siendo un acto de valentía. Pero ser mujer indígena y defensora de derechos humanos implica, muchas veces, resistir no solo la violencia de género, sino también el racismo, el abandono institucional y el silenciamiento histórico de nuestras comunidades.

Desde el territorio maya de Quintana Roo, muchas mujeres hemos decidido romper ese silencio, organizarnos y acompañarnos para defender nuestros derechos. En mi caso, el activismo no nació como una idea abstracta ni como una elección distante de mi realidad; nació en la vida cotidiana de mi comunidad, al escuchar a mujeres que enfrentan violencia, desigualdad y miedo, muchas veces sin redes de apoyo ni instituciones que realmente respondieran a sus realidades.

Soy mujer maya, madre, activista y defensora de derechos humanos. Desde la colectiva Foráneas Seguras acompaño a mujeres que enfrentan violencias como el acoso, el hostigamiento sexual y la discriminación. Este acompañamiento no consiste solo en orientar o canalizar casos; también implica construir comunidad, recuperar la voz y recordar que ninguna mujer debería enfrentar la violencia en soledad.

El activismo, sin embargo, no está exento de costos personales. Muchas defensoras hemos vivido violencia, amenazas, persecuciones o revictimización institucional por alzar la voz. En lo personal, mi camino como activista también ha estado marcado por experiencias profundas de resistencia frente a la violencia y a un sistema que, con demasiada frecuencia, parece más dispuesto a cuestionar a las víctimas que a garantizar justicia. Aun así, esas experiencias no han logrado silenciarme; por el contrario, han reafirmado mi convicción de que nuestra lucha es necesaria.

Formar parte de una organización de activismos —en nuestro caso, Constituyentes MX— ha significado también una oportunidad para llevar estas voces del territorio maya a espacios más amplios de incidencia. Desde esta red impulsamos agendas que buscan fortalecer la protección de quienes defendemos derechos humanos y ejercemos el periodismo, particularmente en contextos donde la violencia y la falta de marcos legales adecuados siguen representando un riesgo cotidiano.

En Quintana Roo, por ejemplo, aún no contamos con una ley vigente que garantice la protección efectiva de las personas defensoras de derechos humanos y periodistas. Esto significa que muchas mujeres activistas realizan su labor sin garantías claras de seguridad, reconocimiento o protección institucional. Frente a este escenario, impulsamos propuestas para construir un marco legal más inclusivo y efectivo, que incorpore enfoques de género, interculturalidad y diversidad, así como mecanismos para enfrentar nuevas formas de violencia, incluida la violencia digital.

Uno de los aprendizajes más importantes de este camino es que las transformaciones profundas no nacen únicamente de las instituciones, sino de la organización comunitaria. Cuando las mujeres se encuentran, comparten sus historias y construyen redes de apoyo, se abren posibilidades reales de cambio. Ser activista, entonces, no significa hablar por otras, sino caminar juntas. Significa reconocer que nuestras luchas están entrelazadas y que la defensa de los derechos humanos comienza por cuidar la vida, la voz y la dignidad de nuestras comunidades.

*Vero Kú es mujer indígena maya, feminista, activista y defensora de derechos humanos en Quintana Roo. Es fundadora de la colectiva Foráneas Seguras en José María Morelos, desde donde acompaña a mujeres víctimas de violencia y promueve los derechos de mujeres, niñas y pueblos mayas. Integra la Red Feminista Quintanarroense y Constituyentes MX, articulando acciones de incidencia y formación en defensa de los derechos humanos. Es maestra en Derechos Humanos.

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